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.El diseño y yo (II).


Cuando con aproximadamente 12 años tuve mis primeros acercamientos a la tecnología (si, eran otras épocas.. Internet en La Pampa era algo para pocos), me quedaba horas jugando con el power point a la siesta.
Hacia cartitas y carteles con marcas de agua e imágenes prediseñadas del Word. Y cuando mi adelantado hermano mayor instaló el Corel Photo Suite, mis horas de descanso se transformaron en miles de tutoriales para hacerle efecto a “las letras”.
Un día le dije a mi papá, muy altiva. “Yo voy a ser diseñadora y voy a trabajar para Expreso Gonzalo”. Él se rió y me dijo, “por supuesto”.
Y cuando en los recreos, todas mis compañeras hablaban de cosas de la edad, un día pregunté qué pensaban estudiar. A nadie le importa en ese momento.
Y yo, muy suelta de cuerpo dije que iba a ser diseñadora, escribir un libro, y que también iba a tener algún acercamiento con la psicología…
Se rieron.

Bueno, tan equivocada no estaba…

.Descargo.


 Cuando te das cuenta que las palabras se las lleva el viento.
Que cada quien está preocupado por su propio ombligo, y su bienestar personal.
Que quienes menos se llenaron la boca son los que más te ayudan y acompañan. Y los que hablaron al pedo se borran… 
Cuando te das cuenta que no todos son lo que parecen, que la “ley de la selva”, se cumple tal cual, en esta jungla de cemento, como también en el llano suelo pampeano…

Y pensás… ¿tengo que ser como todos? No preocuparme, no preguntar ¿cómo estás? ¿Cómo te está yendo? No. No soy así. No me voy a contagiar de esta falsedad extrema, mezclada con envidia de quien no sabe acompañarte.

Prefiero tener mi frente bien alta, seguir haciendo las cosas bien, y ser la persona que siempre fui. Total, todo llega solo.

Karma. Que le dicen…

.Retrato de mayo.


Tres y media de la tarde. Me hago un té. Muy contrapuesto a los termos de mate rápidos que he tomado estos días a la misma hora…
Está nublado en Buenos Aires, Ismael Serrano es la compañía perfecta para el aroma a melisa que sale de la taza rayada que me regaló la abuela.
Mi té reposa tranquilo, esperando. Tanto él, como la escritura, me saben esperar. Saben que mis tiempos, mis cambios de humor, mis ansiedades, me hacen no poder disfrutarlos todo lo que quisiera o necesito.

Hoy, me siento un rato a mirar mi vida. Pienso que se acerca mi cumpleaños, que tan significativamente es el primer día de la segunda mitad del año. Pienso que estoy muy cansada, bastante estresada, y algo enferma. ¡Pienso que ya es mayo! Pienso en fechas, recuerdos. Aniversarios.  
Hace dos años mi vida estaba por cambiar. Hace dos años creía amar a la persona equivocada. Hace dos años mi cuerpo me avisó que me tenía que cuidar más. Hace dos años cuando mis venas decidieron funcionar mal, el reposo inevitable, hizo que todo se diera vuelta.
Hace dos años vi la vida un mes desde una cama. Ví a mi mamá haciendo lo imposible porque yo sonriera… viví con miedo y una angustia insoportable que sólo solapaba la hermosa Julieta con sus sonrisas infantiles, como siempre.
Hace dos años me dí cuenta que eso que creía amor no era más que un raro acuerdo de partes. Pude mirar un segundo a mi lado, y ví al amor de mi vida, que siempre había estado ahí, esperándome… En silencio, y cuidándome mucho más que el amigo o compañero de la facultad que creía que era.
Hace dos años empecé a crecer, a creer en mí. Y me pude levantar. Con ayuda, por supuesto. Pero con muchísima fuerza de voluntad.

Hoy, me siento un rato. En este sillón. Nuestro sillón. Ese que compramos con nuestro trabajo, nuestro primer mueble, al que luego le siguió la nueva mesa…  La misma mirada me lleva hasta el patio donde veo las reposeras que construyó mi abuelo, pasando por esa planta que nació de aquel gajito de mi tía… Y pienso. ¿Qué es del hoy sin el ayer? Todo, y todos los que pasaron por nuestra vida nos marcan, nos llenan. Nos enseñan.

Miro a mi izquierda y veo un semi taller. Veo que el sueño que tuve desde siempre se está cumpliendo… mi propia empresa de diseño. Y lo mejor de todo esto, es que no es mía, es NUESTRA. Miro afiches de una pronta entrega arriba de la mesa y pienso en que este va a ser el último año de facultad. Que se está terminando un hermoso ciclo, y todo gracias a haberle puesto todo a pesar de las dificultades…

Estoy sensible. Muy.
Pero es porque al fin soy feliz.
Muy.



.Carta a mi tía.


Siempre fui de escribirte.
La última vez que lo hice, me costaron mucho las palabras. Me liberé con una frase que me aterró escribir pero que era lo que sentía sin ningún tipo de filtro: “Tengo mucho miedo de perderte”. Y así fue. Te fuiste.
Pero, hoy, a más de un año de aquella, me doy cuenta que no te perdí, sino que estás en mí de otra manera.
Anoche fui con Javi a ver a Sabina. No pude parar de temblar las casi cuatro horas que duró el espectáculo. Porque me acordé de vos. Como en todo lo que hago. Como olvidarme cuando me diste todos sus discos para que los grabe. Como olvidar las charlas interminables que teníamos las tres con Ana, en esas tardes de mates, en esas noches de empanadas. Cuando también sonaba Silvio Rodriguez. Lo fui a ver en Noviembre. Y lloré de principio a fin recordando en cada acorde las tardes de sol en el quincho…
Ver a Sabina era una deuda pendiente. Si algo me impulsó a comprar la entrada fue haberte prometido que un día lo íbamos a ver juntas, que te iba a traer a Buenos Aires…

Estás en mí. En todo.
Me gustaría mucho que pudieras ver como está todo por acá. Hoy soy feliz. Como nunca antes lo había sido. En enero nos vinimos a vivir juntos con Javi, y la casa está llena de cosas tuyas. Sobre la heladera tenemos una planta que nació de un gajito de tu enorme planta que tenías al lado de la ventana. Con esa luz, con ese sol.
Estoy muy enamorada, y soy correspondida. Lo que siempre tanto te preocupó. Mis males de amor. Sabés bien que fuiste la primera en saber de Javi, y que tu visto bueno me hizo seguir sin dudar y sin importarme lo que dijeran los demás. Gracias.
Los nenes están hermosos. Creciendo. Esta Navidad nos enteramos que Juli es celiaca, nos golpeó a todos, pero ella lo lleva bien, siempre con su sonrisa y su hermoso pelo rubio. Agostina está enorme, ya camina y se largó con sus primeras palabras. A Feli lo extraño mucho pero dos por tres hablamos por teléfono. Está enorme y parlanchín, va a ser un gran deportista como sus papás. Ahora estamos esperando que lleguen las pascuas para viajar a Santa Rosa a compartir con él y con tus nietos, que están enormes y adorables.
Esta es una carta de una tía a otra. Gracias. Por enseñarme a serlo. Cada vez que veo a los nenes y me corre todo eso por el cuerpo, entiendo lo que te debe haber pasado con nosotros.
Desde que me mudé que tengo una extraña manía en hacer tus recetas. Mamá dijo que tenían el mismo gusto a tus tartas. Y cada vez que las hago pienso en vos. Algo en mí desea que a los niños les gusten y “las tartas de la tía Mabel”, se transformen en “las tartas de la tía Euge”.

Mañana empiezo mi último año de la facultad. Estoy asustada. Ansiosa, emocionada. Hace muy poco pude decidir que voy a dejar de trabajar para terminar bien, y enfocarme cien por ciento a lo que amo. Haber podido hacer estos cambios sin terapia, aunque con un poco de sufrimiento, me hace sentir orgullosa.
Extraño mucho tus llamadas. Esas que me calmaban. Estos meses fueron de muchos cambios y una palabra tuya que era siempre la indicada, hubiera hecho mucho bien…
Pero es la vida, y no se puede hacer nada contra eso.
Te extraño mucho tía. De más está decir que estoy llorando a moco tendido. Pero necesitaba escribirte, necesitaba esta descarga… Es la única manera que encuentro de hablarte, y me gustaría tanto que estés acá viéndonos sonreír…

Tus semillas están en todos lados. Fuiste y sos la más grande de todas.
Te amo.

Tu sobrina preVilecta.

.El Diseño y yo (I).

Aún antes de saberlo, lo supe.
Cuando me sentaba en la vereda. Pampeana y con piedritas de colores
Tenía una carpetita negra, y siempre había algún camión de Expreso Gonzalo estacionado frente a mis ojos.
Una vez, entre tantos dibujos de Sailor Moon, dibujé ese camión con el logo, y tal vez, tal vez, fue el principio...

.Tanto.


Deberes. Tarea. Estudiar. Rendir. Inscribirse. Escuchar. Aconsejar. Cocinar. Planchar. Lavar. Atender. Mirar. Ver. Transplantar. Esperar. Trabajar. Ahorrar. Gastar.

Ser paciente. Ser amigo. Ser cómplice. Querer dejar de serlo.
Escuchar a todos. No tener ganas de hacerlo.
Tratar de ser “adulto” cuando tu sobrina llora por no comer helado, y explicarle acerca de su enfermedad en vez de ponerte a llorar con ella, porque para vos también es inentendible.
No haber tenido vacaciones. Cursar en verano. Rendir un 14 de febrero.
Ser la mejor ama de casa. Tener la casa impecable para las visitas. Cocinarles.
Pensar cada un minuto en aprobar todo. En los huevos. En ese 18 de diciembre. En el  título.

Ensalada. Empanadas.
Cuerpo pasando facturas.

Paremos.
Me bajo un rato.
Cabeza absolutamente saturada.